domingo, 15 de febrero de 2015

ESCRIBO PORQUE SÍ...

Le pregunte si podía escribirle. Me dijo que no y lo acepté sin preguntas. Simplemente no quise saber las razones. Solo recordar aquellos años en que nos escribíamos profusamente.  Ella vivía lejos y estábamos enamorados. Nos escribíamos cartas a mano de esas que ya no se usan. No solo recordaba la emoción de enviar una carta o recibir la vista del cartero sino también la cantidad de cosas que nos contábamos. Nuestras cartas eran largas, de varias hojas y cada carta no era tan solo un resumen de actividades cotidianas  sino un montón de reflexiones acerca de la vida que nos hacían reir y también nos provocaban un sinfín de emociones.
Era lindo escribirse, en aquellos tiempos sentía que tenía tantas cosas que decir y que ella era capaz de entenderme, de descifrarme e interpretarme.
Fueron tiempos bellos. De alguna forma extrañaba eso, quería sentir nuevamente esa emoción epistolar…sólo eso. No iba en busca de una nueva oportunidad ¿para que?. No solo sentía la necesidad de decir cosas sino también la necesidad de experimentar emociones.  Antes sentía que tenía tantas cosas que decir. En realidad ahora también lo siento pero simplemente no las digo porque creo que a nadie le interesa. Por alguna razón extraña en esta supuesta era de las comunicaciones, simplemente me convertí en un hombre de pocas palabras, muchos pensamientos y pocas emociones.
Yo no soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor, pero creo que aun no he logrado adaptarme a la dinámica de las comunicaciones modernas con su pragmatismo, inmediatez y falta de poesía. En algún momento de la vida escribí mucho: escribí cartas, escribí cuentos, escribí poesía, escribí informes. En algún momento lo dejé de hacer y ahora siento que hay algo que falta, algo que sea capaz de generar sentidos porque ¿qué es vivir sin un sentido?....solamente existir como existen las piedras, y existir es distinto de vivir.

No niego que me dolió su negativa, pero está bien. Tal vez era el necesario punto final que le faltaba a nuestra historia. Yo seguiré escribiendo, pero esta vez como un naufrago que arroja botellas al mar desde una isla solitaria tal vez no para ser rescatado, sino para que el resto del mundo sepa que en la inmensidad del océano todavía  hay alguien que está vivo.

jueves, 23 de enero de 2014

COSAS QUE NO ME IMPORTAN

La sublime cabellera rubia que corona tu cabeza
es una dorada mentira
L’Oreal-París
pero es hermosa y no me importa
Los rizos ensortijados que juguetean sobre tus mejillas
son una retorcida mentira
tardes de peluquería
pero son hermosos y no me importa
La profundidad azul de tus ojos soñadores
son una celestial mentira
pero te quedan  bellos y no me importa
Por eso, cuando dices que me quieres
sólo a mí y que no hay otro(s)
es hermoso y no me importa

                  aunque sea mentira.

martes, 21 de enero de 2014

SOBREDOSIS


Son cerca de las 5 de la mañana. No puedo pegar un ojo. Me siento ansioso, hiperactivo, sobreestimulado. 
Me doy vueltas en la cama con velocidad de ardilla paranoica. Me levanto con ganas de hacer algo, pero no tengo nada que hacer en pié me doy una par de vueltas sobre mí mismo y decido volver a la cama...
Todo comenzó hace unos cuatro meses atrás. En el lugar donde estuvo mi casa sólo había un peladero cubierto por una especie de ceniza negra. El incendio se lo había llevado todo pero no la solidaridad ni el cariño de los amigos que cada dos por tres se aparecían con regalos  para esperar en buen pie la llegada de tiempos mejores: el dinero de alguna colecta, bolsas con mercadería, ropa para mí, ropa de cama, una mate con su respectiva bombilla, una cafetera eléctrica y un largo etcétera.
En el intertanto, otro grupo de amigos se abocó a la tarea de hermosear y mejorar  la humilde mediagua de 6x3 m que fue instalada en el sitio por cortesía del municipio. Los muchachos se esmeraron a punta de sacrificar tiempo, dinero y merecidos descansos de fin de semana. Como recompensa, poco a poco, la mediagüita se fue transformando en una pequeña y coqueta cabañita de dos ambientes.
No obstante, algo faltaba: el día del fatídico siniestro, la compañía de electricidad había retirado “por seguridad” el empalme eléctrico con la promesa de que -cuando la vivienda estuviese en condiciones- sólo bastaría una llamada telefónica para reponer el suministro del vital servicio.
Me surgió la certeza de que algo no funcionaba correctamente, cuando dos meses después de la primera solicitud y después de múltiples respuestas y muchas excusas, aun no había noticia de la reposición del suministro eléctrico. Contrariado y molesto ensayé miles de gestiones con el fin de apurar el proceso: llamé por teléfono, hablé con decenas de ejecutivos de call-center, fui a la oficina que la compañía tiene en el centro. Interpuse un reclamo en el sitio web de la compañía y otro ante el servicio del consumidor, incluso intenté evaluar con abogados la posibilidad de una demanda civil por daños y perjuicios.
El asunto es que cierta noche, cuatro meses después del fuego, llegando a mi casa después del trabajo, noté que un coqueto medidor estaba fijado a la pared y dos cables salían de él y lo conectaban con el tendido eléctrico: la luz había –literalmente- regresado a mi vida…y había que celebrar.
Saqué de entre algunas cosas que tenía guardadas, una linda cafetera eléctrica que me habían obsequiado con su correspondiente paquete de café molido…había soñado con el momento de beber el delicioso brebaje una vez que dispusiera de un espacio adecuado y un motivo que valiera la pena en MI casa (Yo detesto el café de tarro porque sólo me causa acidez estomacal, pero amo el aroma y el sabor del café en grano recién preparado, negro y sin azúcar). Preparé café y me serví una taza que saboreé y disfruté como si se tratara del mejor de los vinos. Luego me serví otra y la disfruté mientras colocaba algo de música para animar mi  íntima fiesta en honor del retorno de la electricidad, y luego me serví otra mientras repasaba textos de la universidad a la luz de mi recién instalada lámpara de pié… y luego me serví otra taza más…y luego, no me serví más porque la cafetera estaba vacía.

Y aquí estoy ahora: son cerca de las 5 de la mañana. No puedo pegar un ojo. Me siento ansioso, hiperactivo, sobreestimulado….

sábado, 7 de julio de 2012

Estaba hastiado de la vida en el zoológico, añoraba caminar libre, recorrer un poco la ciudad y después largarse a vivir entre los cerros alejado del ruido y de la gente. Por eso apenas un descuido del guardia y se escabulló raudo fuera de la jaula. Los otros guardias reaccionaron pero él fue más ágil y aunque estuvieron a punto de atraparlo, saltó al lecho del río y los hombres lo vieron alejarse corriente abajo. Un poco más allá salió del agua cerca del puente Purísima y pudo por fin descansar y tomar el frio sol del invierno para intentar secarse aunque fuera un poco. Al rato, después de sacudirse la melena partió feliz bordeando el río....y yo nomás lo ví.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DESPEDIDA (Cuento)


Cuando hubo transcurrido suficiente tiempo sin novedades, me di cuenta de que me habían abandonado: Demasiado silencio, demasiadas cosas en su lugar…demasiada quietud.

Al fin y al cabo no soy más que un viejo. A nadie le sorprende que se abandone a un viejo, tal vez por eso nadie se preocupó ni hizo nada.

En las noches solía entretenerme y divagar contemplando las luces de la bahía y comparándolas con las de todos los puertos del mundo que visité en la vida: Amsterdam, Singapur, San Francisco, Hong-Kong. Valparaíso tenía algo de todos ellos y nada al mismo tiempo. A veces las luces en los cerros me evocaban extraños universos invertidos llenos de soles y constelaciones, otras veces… era sólo un puerto más, uno de tantos.

Pero cuando me percaté de mi abandono, por una extraña intuición, también llegué a la conclusión de que el fin estaba cerca. Yo presentí el fin, siempre se presiente el fin. (Y que lo nieguen todos aquelos que ya dejaron este mundo).

Como buen veterano de los siete mares decidí que si tenía que irme no podía hacerlo como uno más: “La última noche que estaré conmigo será una fiesta”, pensé, y el cielo comenzó a nublarse. Una brisa tibia del norte comenzó a soplar y al terminar el día comenzaron a caer las primeras gotas.

La borrachera fue atroz. Todo se movía mi alrededor, algunos amigos se unieron a la fiesta, la gente se arrancaba de nosotros. Un concierto de truenos, relámpagos, lluvia y las olas reventando contra los roqueríos acompañaban nuestra danza sin fin.

Las viejas, ante semejante acabo de mundo, se persignaban y apretaban sus rosarios contra el pecho cuando veían que nos aproximábamos.

¡¡Así se muere, mierdas!!, gritaba y reía ya fuera de mí, mientras bailaba una polka con las olas en mi loco y dulce carnaval de despedida dando vueltas, vueltas y más vueltas.

El cielo se hizo un remolino y cuando ya no pude más, me dejé caer pesadamente sobre la orilla de la playa, junto al muelle de los pescadores a esperar el fin.

Pero el fin no llegó, sino el sol, mostrándome en todo su esplendor los destrozos de la noche anterior.

Me puse furioso, quise llorar pero no tuve fuerzas. Me di cuenta que lo que quedaba no era ya la vida, sino una lenta agonía de arena, sal y cangrejos. Además, me contrariaba la idea cierta de que en cualquier momento llegaría algún idiota a reclamarme el pago de los daños. Estaba demasiado cansado: de la borrachera, de la vida, de los burócratas imbéciles de mi país y de los burócratas imbéciles de este país. Consideré que ya tenía suficientemente ganado el derecho al descanso, por esa razón decidí no moverme más. ¿Era tan raro eso? ¿acaso era mucho pedir?... ¿qué uno no puede querer morirse de una vez por todas y así aliviarle dolores de cabeza y gastos inútiles al resto de los vivos?.

El hecho es que no me moví….y me convertí en un espectáculo morboso. La gente se arremolinaba en las calles y los cerros para verme. Los niños se acercaban a mí, me tocaban y salían arrancando, como si yo fuera a hacerles algo. Otros se sacaban fotos y vendían recuerdos, epitafios de juguete.

Durante varios días, hasta las autoridades intentaron persuadirme de que terminara con la parafernalia (como si fuera culpa mía... yo sólo quería descansar en paz). Sin embargo, no fue eso lo que me hizo decidir a hacer un último esfuerzo, sino que el hecho de pudrirme lentamente al sol mientras los turistas me tomaban fotos y los comerciantes se llenaban los bolsillos a costa de un privilegio que era mío y solamente mío porque ninguno de ellos se lo había ganado, no era precisamente mi idea de una muerte digna.

Algunos amigos vinieron a buscarme. Con su ayuda y mis últimas fuerzas comencé a moverme lentamente mientras me vitoreaban y hacían ronda a mi alrededor.

Comencé a avanzar pesadamente, flanqueado por mis camaradas que cantaban alegremente y sus voces me parecían sirenas cuyo canto me guiaría definitivamente al descanso merecido en el lecho marino.

Perdí la noción del tiempo, tal vez porque cuando uno sabe que el final está cerca, el tiempo pierde toda relevancia. Mientras avanzaba recordé cada pasaje de mi vida, desde mi ya lejano nacimiento en un -aún más lejano- puerto del Báltico, mi paso por Liberia y por puertos de los cuales ya ni el nombre recuerdo…hasta llegar hasta aquí, a Valparaíso, el lugar de mi última morada.

“Aquí”…dije con voz cansada, y me detuve. Miré a mi alrededor por última vez. Pensé que ahora sí, que esta vez sí era la definitiva… que no hay mayor orgullo para un barco que terminar sus días sumergiéndose para siempre en las aguas que fueron su razón de ser y desintegrarse lentamente en un lecho arenoso a 2000 metros de profundidad con toda la eternidad para reír y conversar con los peces y las ondinas acerca de mis peripecias por los mares del mundo.

Comencé a hundirme lenta y majestuosamente. El último recuerdo que tengo de la superficie son las sirenas de los otros barcos que me acompañaron (mis amigos de siempre) sonando como un triste y estridente letanía, con resignación y, por qué no decirlo, envidia . Porque ahora ya no hay olvido ni abandono, sólo el silencio, la oscuridad y la quietud que merezco: Ahora estoy en paz.

Dedicado al recuerdo del mercante “Avon”, varado en Valparaíso frente a la Caleta Portales en el invierno del 2000 después de un temporal.

jueves, 20 de enero de 2011

MARIDO O AMANTE?

Recuerdo cierta anécdota: habíamos llegado yo y ella a la furtiva cabaña que cobijaba nuestros encuentros. Mientras nos acomodábamos divisé un pequeño televisor y dije -en tono de broma mientras miraba el aparato- “¿irán a transmitir el partido?...” Ella se volteó y me dijo “Oye! Compórtate como un amante y no como un marido!”

Esto no es casualidad, no es gratuito y no es una broma inocente. ¿Cuál es la diferencia entre ser amante y ser marido?. No existe una estadística que nos diga cuántos amantes y cuantos maridos hay en el mundo, pero lo cierto es que la institución del amante está lejos de extinguirse; mas bien crece y se extiende día a día por lo cual me atrevería a decir que hoy en día hay tantos amantes como maridos…al menos.

Pero, ¿Dónde está la diferencia entre ser amante y marido? Yo creo que está en la manera de amar, en la manera de relacionarse. El amante no siente esa satisfacción del “deber cumplido” y no se sienta en un sillón a echar panza mirando la tele mientras los críos revolotean por la casa. Para mantenerse amante hay que mantenerse alerta, ser amante significa cada vez una forma distinta de seducción, el amante busca y necesita siempre sorprender y está dispuesto a superar todo tipo de dificultades. El marido puede estar cansado o no tener tiempo para su esposa pero para su amante se busca el tiempo a la hora de colación o está dispuesto a despertarse más temprano o dormirse más tarde.

El amante no habla mucho de problemas, mas bien se ocupa rápidamente de los problemas porque lo importante es generar el encuentro. Con el amante nunca hay grandes proyectos en conjunto que no sean el próximo encuentro, la próxima luna de miel (porque con un amante todas las lunas son lunas de miel). Por lo mismo, con un amante siempre hay espacio para las individualidades. Un amante no pide explicaciones y tampoco las da. Cuando comienzan las explicaciones es porque el amante ha empezado a morir...o a transformarse en marido.

El amante siempre se baña, se perfuma, se preocupa por seducir con su imagen, con su actitud, con sus palabras.

Soy de los que creen que el matrimonio es una institución obsoleta y extemporánea que resulta incompatible con la vida moderna sobre todo por el lugar que ha ido alcanzando la mujer en la sociedad: la mayor independencia y autonomía de ellas no calza en el molde patriarcal del matrimonio tradicional.

Hay que ser amante entonces. Hay que vivir el amor como un amante.

Un marido es un amante que se dejó atrapar por el peso de la rutina.

Un marido es o será un toro castrado….y con así unos cachos!!

jueves, 18 de noviembre de 2010

NEKROS (Cuento)


Mi corazón me ahorró el trabajo de tener que matarme. Cuando la vieja de la casa llegó con los pacos y me encontraron tirado en el piso con la soga en la mano y el nudo a medio hacer no entendieron nada, já!

Lo cierto es que estoy aquí y no me arrepiento. Además ahora entiendo porqué tenías esa sonrisa burlona dentro del cajón en tu velorio. No sé si te enteraste, pero te puteamos toda la noche y tu mamá nos puteó a nosotros porque nos tomamos una garrafa a tu salud y uno terminó durmiendo borracho debajo de tu ataúd. Claro ella no entendió que esa era nuestra manera de recordarte y que era lo que tú hubieras querido ¿o no?

Así que esto es la muerte ¿ah?... ¡¡qué cielo ni que infierno!! Estamos aquí y nos conversamos una botella en esta mesa como la última vez, como tantas. Lo único que nos falta es un dominó. No…no te pares, no hay apuro, no hay prisa, no hay horarios que cumplir. Aquí somos eternos… tenemos todo el tiempo para hablar de rock y pelar a todas las minas que nos cagaron bien cagados cuando estábamos vivos. Perras miserables!, já!.

Haber sabido que era así me hubiera muerto antes, pero qué va a ser; uno propone y Dios dispone… Dios!! ¿Ves? Así y todo hablo de Dios cuando ya nos quedó claro que no existe, que nunca existió. Hasta Nietzsche estaba equivocado. ¡Salud!, por lo menos le achuntamos con ser ateos. Si hubieras escuchado la de rosarios que recé por ti en tu velorio….deja de reírte, ¡huevón!. Espero que no te moleste que me haya comido a tu prima después del funeral, fue mi forma de consolarla, estaba tan triste…y tan rica la pobre.

Claro, vos te reís nomás porque ahora me ves así. Pero no me viste antes de llegar acá, en ese cuartucho inmundo, solo como un perro, fracasado y pobre como rata.

Me enojé contigo, sí, pero al tiempo empecé a pensar si acaso suicidarte no era la única decisión atinada que tomaste en tu vida.

Pero yo no, viejo. Hasta eso me salió mal. No alcancé ni a hacer el nudo cuando me vino el infarto…y ahí quedé...y aquí estoy, aquí estamos compadre. Salú por la muerte, loco…que la vida es una mierda.

martes, 21 de septiembre de 2010

LA CHILENIDAD, QUE LE LLAMAN (Reflexiones chantas post-bicentenario mula)

Harto raro esto del supuesto bicentenario. Las distorsiones históricas no me permiten celebrar tranquilo, prefiero dejarlo en que estamos en fiestas patrias y quitarle lo de los famosos 200 años. Me pregunto cómo será el 18 de septiembre en 100 años mas ¿estaremos celebrando el día nacional de la cumbia? ¿Los escolares del futuro recordarán a Arturo Prat como un héroe de guerra o como un chico-reality?.

En fin, tratando de ver el vaso medio lleno me parece buena cosa que se aproveche esta fecha para reflexionar acerca de la tan mentada chilenidad, que le llaman.

Es divertido ver como tratando de de “parecer” chilenos se intenta ocultar lo que en realidad somos.

Partiendo por el hecho innegable que Santiago no es Chile, justamente es en la capital de la república donde es más notoria esta pseudo chilenidad de oficinistas que se disfrazan de huasos con chupallas made in china o de pobladores que por una noche en el año cambian el reggetón por las cuecas (aunque nunca tanto). Para ser justo hay que señalar que en provincias la cosa es mucho más auténtica, pero eso es harina de otro costal.

No faltan quienes decretan con el ceño fruncido que “se han perdido las tradiciones” y tratan infructuosamente que los niños cambien el play station por el trompo en un inédito derrame de chilenidad que –dicho sea de paso- se diluye junto con septiembre.

Sin embargo soy un convencido que lo que se tiene no se demuestra y que la chilenidad se nos escapa por los poros por mucho que tratemos de evitarlo, si al fin y al cabo no podemos evitar ser chilenos por mucho mall, shopping center, coffee-break y touch and go que queramos ponerle.

Todo lo que hacemos está teñido por nuestra particular y chilenísima forma deber la vida. A fin de cuentas, la chilenidad también incorpora aquellos aspectos que nos desagradan de nosotros mismos: Tratar de aparentar algo que no somos es un rasgo muy chileno y también se manifiesta cuando los santiaguinos queremos tratar de parecer campesinos siendo animales urbanos. ¿Qué se han perdido las tradiciones en Santiago? Claro que si! Si desde que yo era un escolar (hace ya un montón de años) que estaba prohibido jugar al caballito de bronce, al trompo, incluso al pillarse. En algunos colegios en que estuvo mi hijo, incluso estaba prohibido correr!! Y así no hay tradición que se mantenga.

Hay que sacarse los prejuicios para ver con claridad, pero algo que parece tan obvio es difícil en una sociedad prejuiciosa como la nuestra. No sólo lo tradicional es chileno. La cultura es dinámica y la chilenidad también tiene que ver con los complejos de inferioridad de la autoestima nacional.

Sin embargo me queda grande el poncho de la chilenidad y no sería capaz de definirla….es más, no creo que exista algo así como el “chileno típico”. Siempre que se intenta describir al “chileno típico” (o chilena, pa’ que no me reten las feministas) se cae en clichés o define a sólo un segmento y deja fuera a todo el resto. Pero sí creo que es necesario cada cierto tiempo observarnos, conocernos, re-conocernos como personajes que vivimos en el tiempo que nos toca.

Somos lo que somos y no otra cosa. Es lo que hay.

lunes, 2 de agosto de 2010

REFLEXIONES CHANTAS AD PORTAS DEL BICENTENARIO MULA

*Chanta ( adj.) : Charlatán, mentiroso.

*Mula (adj.): Falso/ imitación vulgar y de mala calidad.

¿Cómo fue que nos dejamos caer en este cuento del bicentenario? Fiesta rara esta que celebramos donde muchos creen conmemorar algo que no es. Porque si algo está claro es que el 18 de septiembre de 1810 no tiene nada que ver con la independencia de Chile. En fin…para mayor información remítase a los libros de historia o dese una vueltecita por el museo histórico nacional donde está la convocatoria “en nombre de Su Majestad española” a la conformación de una junta de Gobierno.

Con todo, nuestra historia no es muy distinta del resto del continente. Por ejemplo, personajes de los que nos enorgullecemos y que nombramos pomposamente como “Libertadores” o “Padres de la Patria” (nótese que la “madre-patria” sería España. Los Mapuche parece que no existen) en su tiempo fueron despreciados y terminaron sus días en el exilo (por ejemplo O’Higgins y Bolívar) otros fueron asesinados vilmente por caudillos que supuestamente eran de su mismo bando.

La mayoría de nuestros próceres intelectuales, militares y políticos han sufrido la ignominia o el martirio antes de convertirse en rostros de billete o nombres de calles: Caupolicán y Lautaro murieron tras ser traicionados, Prat debió enfrentar su destino trágico debido a una negligencia inexcusable del jefe de la escuadra, Balmaceda se suicidó tras una cruenta guerra civil alentada por sus adversarios políticos, Silva Henríquez y el padre Hurtado tildados en su tiempo de “curas rojos”, la Mistral ganó el premio nacional de literatura varios años después de haber obtenido el Nobel, Neruda debió huir del país so pena de caer preso por comunista gracias a la “Ley de Defensa de la Democracia”. Parece que los forjadores de la patria necesariamente debieron ser humillados y vilipendiados antes de ser elevados a los altares de la conmemoración histórica (cualquier semejanza con Jesucristo es mera coincidencia…creo) o será que una persona con una vida “normal” no puede ser prócer en Chile por muy destacado/a que sea.

En fin, para un buen resumen de historia latinoamericana recomiendo como lectura esencial “Las Venas Abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano.

El tema es que nos aprontamos a celebrar una fiesta sobre los escombros de un país semidestruído por un terremoto, con un gobierno de derecha que se esfuerza por parecer de centroizquierda el cual llegó al poder tras 20 años de gobierno de una coalición de centroizquierda que gobernó como si fuera de derecha.

Bizarro ¿no?

Viva Chile!

domingo, 4 de julio de 2010

EL AMOR, LOS MUNDIALES Y LA VIDA II : VIVIR A LA URUGUAYA


Ultimo minuto del partido, Uruguay y Ghana empatan 1-1. El que pierde se despide del mundial y el que gana clasifica a semifinales. El empate no es una opción. Si el partido termina igualado habrá tanda de penales.
Centro al área de Ghana, Uruguay que no logra despejar y un africano remata de cabeza al arco. El portero fuera de posición, dos defensores charrúas parados sobre la línea de sentencia, el gol significa la eliminación...es entonces cuando el delantero y goleador del equipo -Luis Suarez- se viste de arquero y evita el tanto usando sus manos lo cual le vale la expulsión en forma inapelable y el consiguiente tiro penal desde los doce pasos.
Increíblemente, el jugador africano estrella un potente remate contra el horizontal, el partido termina 1-1 y la definición finaliza con la clasificación de Uruguay gracias a dos brillantes tapadas del portero Muslera.
¿Qué habrá pasado por la mente de ese jugador cuando tomó la decisión de parar la pelota con sus manos? al hacerlo le dio a su equipo una última esperanza ya que si no lo hacía era gol de todas formas pero el optó casi sin pensarlo, o mejor dicho, el tipo no optó, simplemente sentía que no debía rendirse, que no quería perder, que aún podía aferrase a aquella mínima esperanza aunque le significara su propia expulsión.
Creo que hay ocasiones en que hay que vivirse la vida a la uruguaya, jugarse su opción al todo o nada. En la nota anterior mencioné lo que decía mi profesor de fútbol en la universidad respecto de que "como se es en la cancha se es en la vida" y en este caso no se trata sólo de un partido de fútbol, sino de una opción de ser, de estar dispuesto a jugársela sin entrar a reflexionar cuando tienes todo por ganar y nada por perder: o te llenas de gloria o te sumes en el escarnio público o peor aún, en la propia y dura recriminación personal.
Por eso, en el fútbol, en el amor y en la vida es mejor hablar que quedarse callado, jugársela en las situaciones límite y estar dispuesto/a tomar una opción. En el infierno de Dante hay un lugar especial para quienes en situaciones cruciales optaron por la neutralidad. Yo creo que el peor infierno es el de la recriminación por lo que no hiciste o no dijiste.
Hay que vivir a la uruguaya, hay que atreverse a amar a la uruguaya con la esperanza de que siempre se puede meter el gol del triunfo en el último minuto del partido, que los gigantes también caen, que si el arquero no deja entrar la pelota, la metemos adentro con arquero incluido y sobre todo, ser capaz -cuando todo patea en contra- de jugársela toda por esa lucecita de esperanza que brilla en medio de la oscuridad, porque ahí, en ese puntito insignificante, ahí mismo, tal vez esté esperando la gloria.

sábado, 26 de junio de 2010

EL AMOR, LOS MUNDIALES Y LA VIDA

De vez en cuando la vida
Nos besa en la boca
Y a colores se despliega como un atlas…
(J.M Serrat)


Mi profesor de fútbol en la universidad decía que uno es en la cancha como es en la vida. Yo lo llevo un poco más allá y digo que el fútbol en sí es una metáfora de la vida misma (ya saben: “todas las cosas son metáfora de otra”) y este mundial ha sido especial: tantos años jugando a no-perder y ahora nos damos cuenta que también podemos jugar para ganar y que los méritos que definen una u otra cosa se resuelven por decisiones propias. El mejor ejemplo es el partido contra España: no perdimos porque tal o cual juega en el Barcelona o el Real Madrid, no porque ganen diez veces más que el mejor pagado de los nuestros o porque sean los campeones de la última eurocopa, sino por errores puntuales del un par de jugadores que olvidaron el libreto.
Pero la mejor metáfora de estos días de pasión mundialera es la metáfora de la fiesta y de esa necesidad de reunirse, aclanarse y celebrar. Logramos dejar de lado el individualismo impuesto por el libremercado y dejamos fluir nuestras raices tribales atávicas que se reflejan en los cánticos, las danzas la música y los rostros pintados, pero sobre todas las cosas, el sentido del disfrute, el permitirse soñar y el no dar espacio al sentimiento negativo y derrotista, porque -claro- la derrota es una posibilidad cierta en cualquier deporte, pero hoy por hoy nadie piensa en eso. Simplemente queremos soñar un futuro lindo y disfrutar a concho el presente mientras dure y cuando pienso en ese sentimiento, también pienso en el amor. El amor, la pasión y el fútbol van alegremente de la mano y tal vez las historias de amor debieran vivirse como se vive un mundial cuando tu selección participa.
Intelectualizar demasiado una relación es como amar cobardemente y como dice Silvio, los amores cobardes no llegan a amores, ni siquiera a historias. Dejar tanto espacio al análisis la historia y la estadística le resta espacio a la emoción del próximo partido y en el amor el exceso de realismo y pragmatismo también termina matando las pasiones. Enamorarse es una fiesta, cuando encuentras a la persona “indicada” es como clasificar a un mundial y puedes soñar con la copa –que podría ser el “y vivieron felices para siempre”-, pero claro, hay que ir superando etapas, ganar partidos y en algunos casos puedes perder pero igual lograr un objetivo superior gracias a los méritos anteriores, pero lo más importante, creo yo, es permitirse disfrutar, soñar y vivir “a concho” el presente mientras dure….si nos va mal sufriremos lo que haya que sufrir y pensaremos en el próximo mundial, en el próximo amor, pero este Sudáfrica 2010, ese amor grandioso no lo olvidaremos nunca, no por los logros o las metas cumplidas, sino por lo que hemos vivido.

martes, 8 de junio de 2010

LAS PELOTAS Y LA VIDA DE LOS HOMBRES

No es casual que exista tanto revuelo cada vez que se acerca un nuevo mundial, especialmente si tu país esta entre los privilegiados que participaran de este evento. Es que el fútbol es mucho más que un deporte. El fútbol es màs bien un concepto, un universo simbólico completo que toca todos los aspectos de tu vida, te guste o no te guste este juego.
Si bien hoy en día es jugado también por las mujeres, el fútbol es y ha sido cosa de hombres. No porque ellas no puedan jugarlo sino porque sus códigos tienen que ver con lo más profundo del ser masculino.
Pido a los varones que leen esto que recuerden lo que sentimos cuando nos regalaron nuestra primera pelota de fútbol, la de verdad, esa oficial Nº5 de 32 cascos. Porque la primera pelota de fútbol siempre se recibe de regalo. Los adultos saben que para un niño varón recibir un balón siempre será motivo de felicidad. Casi todos recordamos cómo era, que color tenía, de qué marca era y si no tenía marca tambien nos acordamos. Cuando nos regalan nuestra primera pelota de fútbol nos sentimos un poquito más grandes, sentimos también que los adultos nos reconocen hombres y también nos sentimos con un poco más de poder porque ser dueño de la pelota en una pichanga te da cierto poder frente a tus amiguitos. Si la pelota es nueva y es linda, todos quieren jugar contigo y te ponen de centrodelantero aunque seas el mas tronco del grupo. Nadie se quiere pelear contigo porque si te enojas, te vas, te llevas la pelota y ahí quedó el resto (qué linda sensacion de poder esa edad). Entonces la pelota se convierte en un cetro, vas con ella a todos lados y hasta duermes con ella. No importa si eres bueno o malo para el fútbol, recibir una pelota de regalo siempre te hace feliz.
Mi primera pelota de fútbol la recibí de regalo de navidad por ahí por el '77 era de cuero y tenía los colores de Boca Juniors.
Es que el primer balón forma parte de esas cosas de las cuales uno nunca se olvida...así es que ya saben, si tienen hijos o sobrinos o hay algún niño especial al que quieran hacer feliz, regálenle su primera pelota de fútbol.
Y para ustedes, mujeres queridas, nunca olviden que el corazón del hombre es redondo...y tiene 32 cascos.

A PROPOSITO DEL PASO DEL TIEMPO

Cualquiera que este inmerso en la dinamica de la vida moderna podra darse cuenta sin mucho esfuerzo que el tiempo es un elemento central en nuestras vidas y el hecho de "tener" o "no tener tiempo" define un monton de cuestiones que muchas veces terminan definiendo aspectos cruciales de la vida.
Pero ¿cómo es que llegamos a esto?. En la antigûedad el paso del tiempo tenia que ver con la salida y puesta del sol. Más adelante -con el advenimiento de la agricultura- comenzamos a tomar en cuenta también los cambios de estaciones o las fases de la luna (por el cambio en las mareas)...hasta ahí todo lo que tenía que ver con el tiempo estaba intimamente relacionado con los ciclos de la propia naturaleza.
Pero cuando apareció la idea de la medición del tiempo y se inventaron los relojes y los calendarios, el tiempo pasó de ser algo tan natural como la noche y el día a ser una convención social y estas convenciones sociales fueron evolucionando y se fueron complejizando en la misma medida en que se complejizaban las sociedades.
Hoy es como si cada parte del tiempo tuviera su tarea pre-asignada.
Bien, por una parte, porque el orden es necesario para vivir en sociedad. Pero mal está hacerse esclavo del tiempo y dejar que el reloj o el calendario marquen tu hoja de ruta en la vida. Así como los antiguos observaban y respetaban los ritmos de la naturaleza, asimismo es necesario observar y respetar nuestros propios ritmos y "darse el tiempo" (esta frase no es casual, nótese su estrucura) para atender tus prioridades, las de uno no las que te imponen desde fuera y también permitirse vivir dignamente cada etapa de la vida. Así como hay una epoca para sembrar y otra disinta para cosechar (y a nadie se le ocurriría sembrar en epoca de cosecha) cada etapa de la vida tiene su afán. Entonces ¿por qué tanto cuento en prolongar la "juventud" hasta extremos que resultan casi patéticos a punta de cremas, cirujias o el viejo truco de simplemente quitarse años de palabra? ¿por qué ahora es tan terrible llegar a viejo, como si no fuera inevitable?. Yo creo que seriamos un poco mas felices si dejamos de fingir y asumimos la etapa de la vida en que nos encontramos y de paso reconocemos todas las virtudes y beneficios que nos trae haber vivido todo lo que hemos vivido.
Por ejemplo Yo: si no estuviera a punto de cumplir 42 años no reflexionaría sobre estas cosas y no hubiese llegado a estas conclusiones.

miércoles, 19 de mayo de 2010

GRACIAS ...¿HACEN LOS MONOS?

Los gringos tienen una festividad que me llama la atención. Se llama “Día de acción de gracias”.
No se mucho de que se trata el dichoso día aparte de lo que uno suele ver en las películas de Hollywood. Pero lo que me llama la atención es el hecho que los gringos tengan al menos un día en el año destinado a agradecer, lo cual me parece una muy sana costumbre sobre todo pensando en un país como el nuestro en el cual somos muy buenos para quejarnos de todo y muy malos a la hora de agradecer. Y no me refiero a las “gracias” esas que uno da por formalidad o por urbanidad, sino al sentimiento de gratitud.
Sentirse agradecido no es sentirse conforme, no significa “tengo esto o lo otro y ya no quiero más” sino todo lo contrario. No significa “ver lo bueno de lo malo” lo malo es malo y punto, pero las cosas anexas a esos hechos, lo que sucede después o la manera de significar un evento negativo es lo que uno finalmente agradece.
Como yo lo veo, el sentimiento de gratitud tiene que ver con "darse cuenta" con ser capaz de "ver" y valorar las cosas que uno tiene o el entorno en el que vive. Tomar conciencia de nuestra propia individualidad y reconocerla como una cosa ùnica, buena y bella.
Por eso me parece positivo eso de ritualizar las gracias. Todos debiéramos tener nuestro propio “Día de acción de gracias” o “Día de agradecimiento” o el nombre que sea para no copiar (que ya con el Halloween, el conejo de pascua y el viejo pascuero tenemos bastante).
Que levante la mano –como diría Américo- quien no tenga nada, pero absolutamente nada que agradecer en la vida…nadie ¿verdad?
Entonces sería bueno reunirse de vez en cuando –en una fecha que cada quien decida, que cada grupo le de su sentido, sin esperar que el mercado lo designe, sin dejar que se transforme en una cuestión mecánica- con los amigos, con los colegas, con la familia, con quien quiera que te haga sentido y compartir un buen momento, quizás anotar en un papelito anónimo las cosas de las que estamos agradecidos, ponerlas en una fuente y leerlas. Es decir, hacer conscientes esas cosas que por obvias, que de tanto darlas por sabidas terminan desapareciendo. Si adoptaramos costumbres por el estilo, al final de la jornada nos daríamos cuenta que somos tremendamente afortunados, que somos inmensamente ricos, que somos seres muy queridos y eso realmente te cambiará la “frecuencia”.

Gracias por leer esto :)

sábado, 26 de diciembre de 2009

NOTAS DE TRINCHERA (Cuento)

He perdido la cuenta del tiempo que llevamos metidos dentro de esta trinchera. Se nos ha ordenado mantener nuestra posición, esperar al enemigo y presentar batalla si es necesario. Sin embargo, el enemigo no se presenta. Ya no sé si han pasado semanas meses o años.En el día nos preocupamos de limpiar nuestras armas, comer algo caliente y bromear acerca de la guerra. Al principio nos manteníamos en alerta permanente, pero al pasar los días sin que el enemigo se presentase comenzamos a relajarnos. A veces escuchamos el sonido de un motor a lo lejos o el rumor de un avión en el cielo, entonces corremos como poseídos a ocupar nuestras posiciones. El comandante grita las órdenes con energía pero a la vez nos transmite calma y seguridad.
-¡Atención!! ¡¡Se aproximan tanques enemigos, todos a sus posiciones!! ¡¡cohetes listos!!
…..
La tensión aumenta, pero nada. El rumor se aleja y después de un buen momento escuchando el silencio, volvemos a nuestra rutina diaria.
No recuerdo ya la última vez que sentí caer un proyectil enemigo…¿alguna vez cayó un proyectil enemigo?
Se nos ha prohibido estrictamente asomarnos a mirar por sobre la trinchera durante el día. Sólo el comandante puede hacerlo (es por seguridad, por temor a los francotiradores enemigos –dicen-) por eso nos gusta la noche. Nuestras noches son casi siempre despejadas, el cielo se llena de estrellas. Nosotros jugamos a buscar formas en el cielo, apostamos cigarrillos a quién es el primero en divisar una estrella fugaz y niñerías por el estilo…las noches son hermosas.
La batería de la radio se agotó hace tiempo, por lo tanto no tenemos ninguna noticia del frente ni del mando central. Un camarada le ha preguntado al comandante -¿qué vamos a hacer?- El le ha respondido con dureza:
-¡Cumplir nuestro deber! Somos soldados, nuestro deber es cumplir las órdenes y nuestra orden es mantener la posición y esperar al enemigo.
Pero el enemigo sigue sin aparecer y todo parece tan irreal que incluso he llegado a dudar de nuestra propia existencia ¿y si fuéramos fantasmas? ¿si no fuéramos más que espectros anclados en el momento de haber sido vaporizados por una granada termonuclear y condenados a permanecer en esta trinchera por toda la eternidad? ¿Realmente será así morir? …no, no puede ser. No puede ser tan injusto nuestro destino. Tiene que haber otra opción a pasar eones inmersos en una guerra que ninguno de nosotros eligió. Muchos de nosotros tuvimos madre, novia e incluso hijos, pero dudo que alguno recuerde el olor de una mujer o la textura de la piel de un niño. Les he comentado esto a mis camaradas, pero ellos sólo ríen de mala gana y no dicen nada.
Tenemos raciones para resistir doscientos años en estas trincheras, sin embargo vivimos con lo mínimo, nuestros uniformes, nuestras chaquetas –otrora orgullosamente rojas- están raidos y sucios y los colores de nuestra bandera ya casi no se distinguen por lo desteñida que está a causa del sol y del viento. Los días pasan rápido, hemos perdido la cuenta y nadie –ni siquiera el comandante- podría decir a ciencia cierta en qué fecha estamos, en todo caso ese dato no es relevante para saber que esta guerra ha durado demasiado. Quisiera que el enemigo se presentara de una vez y morir en batalla cumpliendo mi deber de soldado…pero todo sigue igual; hace tiempo que no escuchamos motores ni aviones. Hace unos días escuchamos el canto de un pájaro, incluso casi podría asegurar que hace un par de noches atrás oí risas y algo como música muy a lo lejos. Se lo dije a mis camaradas, pero nadie más lo escuchó ¿me estaré volviendo loco? ¿quién podría ser capaz de celebrar y reír así en medio de esta cruenta guerra? ¿y que tal si ya no existe la guerra? ¿Qué tal si las risas y celebraciones son por el fin de esta odiosa guerra?.
El comandante halló la forma de hacer funcionar la radio generando electricidad a partir de desechos orgánicos, pero no se escucha nada más que un siseo monótono, no hay ninguna transmisión. Nos miramos las caras desilusionados; después todos hemos mirado al comandante y él nos ha alentado mediante una arenga patriótica (que no me tomé la molestia de oír) a cumplir las últimas órdenes conocidas mientras no exista una contraorden. Creo que el comandante también ha comenzado a cansarse.
Me ha comenzado a aflorar casi como una obsesión la idea de asomarme a mirar por sobre la línea de la trinchera. Entre broma y broma se lo he planteado a mi compañero de guardia, pero de vuelta sólo he recibido una gélida mirada y una aún mas fría respuesta: -Como te atrevas a hacer eso, yo mismo te meteré un tiro en la cabeza. No puede afectar de esa manera la moral de la tropa...¡¡tenemos que ser uno!!.-
Pese a la inesperada respuesta de mi camarada no puedo dejar de pensar cómo será el exterior. Lo único que he visto en quizá cuanto tiempo es este hoyo mugriento, mis camaradas y el cielo…
-¡¡ALERTA GENERAL!! ¡¡EL ENEMIGO SE APROXIMA!! (truena la voz metálica del Comandante)
Todos corremos a nuestras posiciones, preparamos nuestras armas y aguzamos nuestros sentidos por una, dos, tres horas…pero nada. Creo el comandante se ha dado cuenta de nuestras disquisiciones y ha inventado esta alerta para que dejemos de pensar, pero yo no puedo dejar de pensar en lo que hay allá afuera; tal vez la guerra terminó y nadie ha tenido la gentileza de avisarnos o tal vez el enemigo está ahí fuera esperando pacientemente a que finalmente nos rindamos por cansancio o nos volvamos locos…lo que suceda primero.
Anoche lo hice…me asomé por sobre la línea de la trinchera: mi compañero de guardia comenzó a dormitar y sin pensarlo dos veces miré al exterior antes que espabilara. No sé cuánto tiempo estuve mirando (estando aquí he perdido la noción del tiempo) sólo recuerdo que vi una extensa llanura a la luz de la luna y muy a lo lejos las luces de algo que podría ser un pueblo, una pequeña ciudad…o el campamento enemigo.
No puedo dejar de pensar en el apacible paisaje de anoche: la extensa llanura ondulada por suaves lomas que se recortaban nítidamente a la luz de la luna, aquella pequeña y distante ciudad (porque estoy seguro que era una ciudad. No se distinguían alambradas, ni humo, ni reflectores escudriñando el cielo) ¿estará allí el enemigo realmente? ¿y si no hay ningún enemigo? ¿y si no hay ninguna guerra? El comandante ha llamado a una nueva alerta general, pero yo ya sé que no es más que una triquiñuela para mantener nuestras mentes ocupadas. No puedo dejar de pensar en el paisaje de la otra noche mientras cargo los cohetes anti-tanque…tengo la certeza de que ningún enemigo va a venir. Esto ya no tiene sentido para mí…quiero salir de aquí.
Ha pasado tiempo desde la última alerta. No sé cuanto tiempo. No me he vuelto a asomar por sobre la línea de la trinchera, pero siento que no me hace falta volver a mirar al exterior para saber lo que quiero, sin embargo algo en mi ha cambiado: ya no pienso en que quiero salir de aquí….ahora pienso que voy a salir de aquí. Ya no hay dudas, ya no hay miedo; cualquier cosa que haya allá afuera no puede ser peor que esto. Si he de morir moriré, si he de caer prisionero caeré prisionero con la mayor dignidad y si no pasa nada de aquello, sin duda seré feliz.
No es cierto que no tenga miedo. No sé lo que hay allá afuera y lo desconocido me llena de pavor, pero últimamente pensar en la posibilidad de seguir en este infierno de las trincheras esperando sempiternamente por un enemigo que nunca aparece me eriza tanto la piel como el pensar en lo que puede haber allá afuera.
………
El sol comenzaba a recostarse sobre las montañas, había comenzado a hacer frío. Todos nos pusimos nuestras -alguna vez rojas- chaquetas de paño para abrigarnos. Íbamos a comenzar nuestra habitual ronda de cigarrillos cuando el comandante llamó estrepitosamente a una nueva alerta general:
-¡¡A SUS PUESTOS!! ¡¡EL ENEMIGO ATACA, ESTA VEZ NO HAY DUDAS!!
Todos corrieron como endemoniados a sus posiciones dejando tras de sí un reguero de cigarrillos a medio fumar y jarros de latón desparramados por el piso. Pero yo no corrí. Aproveché el momento de distracción para saltar sobre los sacos de arena amontonados al borde de la trinchera y después con un par de ágiles movimientos salté la primera y luego la segunda alambrada y corrí en la dirección opuesta del supuesto ataque. Cuando el comandante se dio cuenta de mi escapada comenzó a vociferar como un loco para que regresara y luego ordenó disparar sobre mí.
-¡¡Disparen, disparen, maten a ese traidor y cobarde!! ¡¡ Mátenlo!! ¡¡MATENLO!!
Las balas comenzaron a silbar sobre mi cabeza y después cada vez más cerca…sentí un golpe en la espalda, caí al suelo y no supe más.
Cuando desperté, ya no había disparos. Abrí los ojos y el cielo estaba hecho un cóctel glorioso de estrellas –estoy muerto- pensé -¿así que esto es morir?... pero no. No estaba muerto; lo supe por un fuerte calambre que me recorrió por todo el cuerpo
-No estoy muerto, los muertos no se acalambran- pensé, y comencé a recordar todo: la huída, los disparos y mi caída ¿qué me golpeó? Debe haber sido sólo una piedra que rebotó fortuitamente a causa de los disparos. Seguramente me creyeron muerto y dejaron de disparar, además tienen tanto miedo de salir de la trinchera que seguramente nadie se aventuró a venir a verificar si continuaba o no con vida. Me levanté trabajosamente y comencé a caminar. Todo el cuerpo me dolía creo que el esfuerzo de la huida fue demasiado después de tanto tiempo metido en aquella horrible trinchera sin hacer ejercicio.
A la distancia estaban aquellas luces de la…¿ciudad? Me detuve a contemplarlas, eran hermosas, era como si un pedazo del cielo se reflejara en un lago ¿y si fuera eso? ¿y si no fuera más que un espejismo?. Sólo había una forma de saberlo y comencé a caminar como hipnotizado, como un zombi solitario en plena noche en dirección a aquellas luces.
Caminé varias horas (en realidad no podría asegurarlo, sólo sé que caminé mucho). La luna era un espectáculo magnifico. Una brisa tibia acariciaba mi rostro, había olvidado esa sensación, la sensación de caminar, la sensación de mirar el horizonte recortado por la luna. Todo aquello era tan nuevo para mí siendo que seguramente lo había experimentado en algún momento de mi pasado. Una tibia sensación comenzó a anidarse en mi pecho y luego comenzó a recorrer mi cuerpo hacia mis pies, mis manos y mi cabeza; era tan dulce y agradable esa sensación que sin darme cuenta comencé a sonreír primero, luego a reír y luego a reír a carcajadas. Mi vida estaba completa, en ese momento podría haber aparecido el enemigo o el diablo en persona y no me hubiese importado nada pues en esa extensa caminata había sido feliz como no lo había sido en muchos años.
Al acercarme a las luces, al estar lo suficientemente cerca pude darme cuenta que efectivamente se trataba de una pequeña y hermosa ciudad, muy luminosa, con guirnaldas de luces colgando de los árboles y un sonido alegre y saltarín provenía de ella ¡era música! Realmente era música! La ciudad estaba de fiesta ¿pero que estaban celebrando?
Comencé a correr hacia la ciudad saltando y riendo, pero las piernas comenzaron a dolerme más y decidí calmar mis ímpetus y seguir caminando. De pronto divisé no muy lejos de mí un grupo de niños y niñas ¡niños y niñas! Que jugueteaban y correteaban alegremente ¿Dónde estaba el enemigo? ¿Dónde estaba la amarga y cruenta guerra de la que nos habían contado?. De pronto, una niña me vió y se quedó como petrificada. Los demás se dieron cuenta y se voltearon a mirarme…algo comentaron entre ellos y luego estallaron en júbilo:
-¡¡Es Papá Noel!!
-¡¡Mirad!! ¡Ha llegado Papá Noel! Mirad su barba y su cabello blancos.
- Yo le hacía más gordo- Dijo uno con un tono escéptico.
-¡Mirad su chaqueta roja! No hay duda, ha llegado Papá Noel, ¡FELIZ NAVIDAD!,¡FELIZ NAVIDAD A TODOS! ¡Escuchad cómo ríe!
Y reí, es verdad que reí como nunca y los niños hicieron una ronda a mi alrededor, me tomaron de la mano y saltando y cantando villancicos me llevaron a la ciudad. Y yo reí porque me dí cuenta en ese preciso momento que me había convertido en un viejo, no era más que una persona que se había pasado la vida metido en esa trinchera muerto de miedo ante un enemigo inexistente hasta convertirse en un viejo. En un primer momento no supe si reír o llorar, pero dado que todo a mi alrededor era fiesta elegí reír, a fin de cuentas ¡Linda broma me había gastado la vida!
………….
A veces, por las tardes a la hora del crepúsculo miro al horizonte, hacia las montañas, hacia el lugar donde deben estar aún las trincheras, esperando a ver si algún otro de mis camaradas se animó a salir de aquel horrible lugar. Me da tristeza pensar en que ellos siguen allí, pero luego pienso en mí y sonrío.
-Yo estoy aquí- me digo –me decidí a salir y ahora estoy aquí, convertido en un viejo canoso y remolón…pero salí de ahí y cambié mi destino…más vale tarde que nunca.

miércoles, 24 de junio de 2009

LAS ESTUFAS NO TIENEN NINGÚN BRILLO

No es lo mismo hacer sopaipillas en un día normal que hacerlas cuando llueve: tiene su encanto eso de amasar y amasar al ritmo del crepitar de las gotas sobre el techo (mejor aún si el techo es de planchas de zinc) y le da un sabor especial cuando el olor del zapallo cocido se entremezcla con el olor a tierra mojada.
No hay experiencia que se compare a degustar una sopaipilla caliente, recién frita con un mate en la otra mano mientras se mira por la ventana el paisaje nublado y oscuro de un día de lluvia con el agua corriendo, buscando su cauce por los lugares más recónditos de la calle, del patio y de los árboles.

Hay ciertas cosas que deben conjugarse para que se produzca la magia por eso cada conjuro es una fórmula...cuando hace frío (como en estos días en que el invierno se dejó caer de improviso, cuando nos habíamos acostumbrado a un estado primaveral que ya empezaba a fastidiar) no da lo mismo cómo hacerse de calor para nuestro hogar.
Hoy por hoy existe variedad de estufas cada cuál mas tecnológica y sofisticada: ecológicas, a gas, eléctricas, japonesas y un largo etcétera. Pero ninguna logra aproximarse siquiera a la magia de un fogón encendido, a la experiencia tribal y ancestral de hacer fuego con leña, de conjugarse con la naturaleza para transformar su fruto muerto en energía de vida y calor de útero.
No me imagino disfrutando la complicidad de una buena conversación sentado en la alfombra al calor de un buen vino junto a.....una estufa Toyotomi.
El calor de la leña, ese acogedor, íntimo y sensual bien-estar... un lugar iluminado sólo por el fuego invita a la complicidad y a abrir el corazón haciendo inevitable el encuentro. El fogón es hermoso porque brilla y nutre, porque nos necesita para seguir dándonos su calor y por lo tanto no es un ente pasivo y porque en el fondo -y para quien lo sepa ver- es una metáfora de nosotros mismos.

domingo, 14 de junio de 2009

PSICOLOGÍA DOMÉSTICA

Me he dado cuenta que los (mis) recuerdos estan pegados a las cosas y que es imperativo buscar un modo en el que éstos no se diluyan cuando ya no exista el objeto que los cobijaba.

He ahí el meollo de la transición del pensamiento concreto al pensamiento abstracto.

viernes, 5 de junio de 2009