Viene a mi mente el recuerdo de largas caminatas por los faldeos del cerro San Cristóbal junto a mi padre. Recuerdo que de niño me llamaba la atención la cantidad de cosas que sabía; casi no había respuesta que no tuviera sobre las cosas que yo le preguntaba.
Si algo se echaba a perder él se daba maña para arreglarlo...lo recuerdo sumergido con rostro serio en esos enormes televisores a tubos hasta dejarlos funcionando nuevamente.
Si ser él un gran artista de las cosas manuales recuerdo que se dió maña para hacer un barco pirata con un trozo de madera de 4x4 pulgadas, con sus velas, aparejos y escaleras de cuerdas que hizo las delicias de mi infancia durante largos años.
Yo sentía admiración por ese hombre recto y estricto en sus convicciones. De él y de mi madre aprendí a tener una postura decidida respecto a la justicia social, aprendí que no se podía permanecer indiferente frente a una situación de crisis como la que vivimos con el advenimiento de la dictadura.
Recuerdo también los almuerzos familiares de los domingos con el padre a la cabecera de la mesa y las eternas conversaciones que nos sorprendian hasta la hora de once y tal vez un poco más tarde.
Esas y otras evocaciones me recuerdan la imagen y presencia de mi padre desaparecido.
Si me preguntaran cuando fue que desapareció mi padre, forzozamente tendría que decir que no lo sé. Yo diría que fue desapareciendo de a poco, desvaneciéndose de manera casi imperceptible: cada día se diluía un poco y seguramente yo me iba a costumbrando cada vez a esa imagen mas y mas difusa....al menos eso puedo concluir ahora, despues de darme cuenta que ese señor que iba pasando no era él, no podía ser él porque no habia en esos ojos el brillo de antaño ni se oia en sus palabras la voz de la sabiduría acumulada por los años. Cuando escuché el fastidio y el odio en sus palabras, cuando sentí que no había allí un hombre orgulloso de su hijo, me di cuenta de que mi padre había desaparecido.
Seguramente algo tuvo que ver la dictadura: mi padre fue uno de los derrotados y nunca se recuperó del todo, pero el odio que habia en su corazón iba mas allà de los militares y del proyecto político truncado, pero ante la adversidad uno decide: Sobreponerse las veces que sea necesario o autocompadecerse es una decisión personal y tal vez al pasar de los años y al sumarse los fracasos y frustraciones él mismo decidió desaparecer bajo su propio llanto y amargura, bajo su propia impotencia y cobardía.
Lo miro pasar, a veces lo veo saliendo de la iglesia y no cruzamos palabras. No me interesa porque desconozco a ese señor que se parece a mi padre, pero no es él sino una sombra del pasado que sigue y sigue desapareciendo cada dia y desaparecerá tanto que un día ya no lo veré más cruzando la calle hacia la iglesia o esperando la micro en alguna esquina y mas allá de ese día seguira desapareciendo hasta desvanecerse definitivamente de la memoria y el viento se habrá llevado las huellas de sus pasos y el eco de su voz dejará sólo un hueco vacío y frío en esta alma donde no hay perdón, pero tampoco olvido.
